Añadió que la “fragata portuguesa” no es exactamente una medusa. “Aunque tiene células urticantes similares a las de las aguavivas, pertenece a otra clase porque dispone de varios organismos asociados que cumplen diferentes funciones dentro de una misma estructura”, dijo.
Agregó que, como método de defensa y captura de sus presas, tienen células especializadas que se concentran en sus tentáculos, por lo cual las lesiones son más intensas y de consideración que en las aguavivas. “Presentan una especie de combo de toxinas y su impacto depende de la superficie del cuerpo alcanzada y de la sensibilidad de la persona”, indicó Núñez. Puede producir una especie de quemadura, pero también calambres o vómitos.
Quien sea alcanzado por los tentáculos de una fragata portuguesa –o de cualquier aguaviva- debe evitar pasarse arena o toallas por la zona afectada, ya que eso puede agravar la situación. Núñez recomendó enjuagar los restos de tentáculos con agua de mar y aplicar compresas frías con alguna solución de vinagre.