Otra de las madres contó que desde junio su hija está padeciendo bullying por parte de cuatro compañeras. Al principio las agresiones eran verbales y todas referidas al cuerpo de la adolescente. Después comenzaron a obligarla a que les hiciera los deberes, situación a la que accedió hasta que un día se negó y fue cuando comenzaron a agredirla físicamente. La empujaban, la encerraban en el baño, hacían rondas en el patio para pegarle y la esperaban afuera del liceo.
Katty, la mamá de la joven, señaló que no obtuvo respuesta de la institución: “cada vez que me daban día y hora para hablar con la directora, ella nunca estaba, y me atendía una profesora”.
Su hija comenzó a sufrir ataques de pánico y se encuentra en tratamiento psicológico.
Estas situaciones se repiten en otros liceos del departamento. En el Liceo de San Carlos se han producido diversas situaciones de violencia, incluso algunas terminaron en internación. Esta semana, una situación de bullying que venía padeciendo una estudiante de ese centro generó que la adolescente intentara suicidarse. A nivel de adscripción se intervino puntalmente en el grupo donde se generó la situación.
Desde la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria (Fenapes) también reclaman por una solución a estas situaciones de violencia que tienen múltiples factores y entienden que deben ser abordadas desde la raíz y como un problema estructural.
“La realidad es que las instituciones, los docentes y los estudiantes están en condiciones de hacinamiento, en un edificio absolutamente saturado, sin espacios saludables de convivencia, sin ningún tipo de apoyo profesional para acompañar en estas situaciones…”, señalan.
“Más de mil adolescentes en espacios cerrados, con dos patios de hormigón, con adscriptos que a veces tienen tres y cuatro grupos libres al mismo tiempo, salones con 30 o más estudiantes … Claro que es una bomba de tiempo”, expresan. “La violencia está instalada y no tenemos ni infraestructura ni profesionales para generar ámbitos saludables de convivencia. El hacinamiento en ámbitos de encierro, ya sea una cárcel o una escuela, genera profundización de la violencia”.
“El bullying no está atendido institucionalmente en ningún liceo, nos dedicamos a apagar incendios”, sentenciaron.