La travesía culminó con la llegada del velero a Seattle, tras navegar en condiciones extremas con ráfagas de hasta 77 nudos, olas de siete metros y extensas jornadas avanzando contra el viento. Para la tripulación encabezada por el skipper David Sautret y la First Mate Lorraine O'Hanlon, el desafío fue una verdadera prueba de resistencia física y mental. Durante varios días el barco apenas pudo avanzar debido al estado del mar, mientras el frío, la humedad y algunos inconvenientes mecánicos obligaban a navegar con cautela para preservar el barco.
“El routing sugería avanzar hacia el noroeste, pero simplemente no era posible. Navegamos apenas 60 millas en tres días y luego pasamos entre siete y ocho días navegando ceñidos. Fue muy duro para la moral, pero el equipo siguió adelante”, explicó Sautret.
Las dificultades tácticas y técnicas afectaron la posición del equipo en la clasificación general, pero la tripulación decidió seguir compitiendo hasta el final, reafirmando el espíritu deportivo que caracteriza a esta campaña. “Podemos ver esta etapa como una debilidad porque perdimos terreno, o como una fortaleza porque empujamos hasta el último minuto. Estoy muy orgulloso del equipo. La tripulación fue muy valiente”, agregó el skipper.