Asimismo, aclaró que se utiliza el término “sobreviviente” para designar a cualquier persona que se haya visto afectada por la muerte de una persona que se suicidó, y no para hacer referencia a las personas que intentaron suicidarse y no lograron conseguirlo, como comúnmente se cree.
“La experiencia de un familiar después de la muerte es intransferible; los profesionales no podemos generar el impacto que ellos generan. Están para ayudar a otros a quedarse”.
Iliana, madre de Federico, quien se suicidó a los 23 años, relató el difícil momento que le tocó atravesar después de la muerte de su hijo: “Te preguntas: ‘¿Qué no hice?, ¿Qué hice mal?’. En un segundo cambia todo”.
Sobre el caso de su hijo en particular, Iliana explicó que Federico estaba depresivo y que se encontraba en terapia desde los 16 años: “A partir de algo que le sucedió en una etapa de su vida con lo que no puedo lidiar, empezó con una ‘visión de túnel’ en donde no ven solución”, afirmó.
“Estaba desconforme con la vida, pero nunca nos imaginamos que se iba a suicidar. La forma de escaparse es terminar con el dolor; son personas que están sufriendo”.
En relación a las posibles alertas previas que pueden surgir, Canetti afirmó que una cosa es que haya señales y otra es que seamos capaces de verlas: “Advertir las señales no significa que podamos detener el problema”, aseguró.
En Uruguay ocurren entre 700 y 800 suicidios por año, posicionándose entre los primeros escalafones en América Latina y entre los primeros 15 lugares a nivel mundial.
Línea Vida Prevención del Suicidio: 0800 0767 - *0767
Línea de apoyo emocional: 0800 1920
Funcionan durante las 24 horas, todos los días del año, sin importar a qué prestador de salud esté afiliada la persona que consulta.